28 octubre, 2008

MARÍA SANTÍSIMA DE LAS PENAS, en la ponencia

MARÍA A TRAVÉS DE LAS DIFERENTES ADVOCACIONES EN LA PASIÓN DE CRISTO

XX Encuentro Nacional de Cofradías Penitenciales de Semana Santa, Almería 2007

Fray Miguel Francisco Sagredo Jiménez, O.F.M.


El pueblo es el auténtico inquilino, morador del valle de lágrimas. Nadie como él, que ha vivido descalzo sobre el polvo, sobre las espinas…sabe lo que son las penas. Y buscando un alivio ha encontrado a la Virgen que también fue de desgracia en desgracia.

Tuvo pocas satisfacciones en la tierra. Hasta los misterios gozosos de la Virgen estuvieron rebosados de penas. Recordamos, por ejemplo, la primera pena de Nuestra Madre; la que debiera ser la primera alegría, como lo es en todas las madres, el nacimiento de un hijo. La Virgen mirando aquel hijo tan abandonado, tan solo, sentiría una pena indefinible como cualquier madre si viera en aquellas condiciones inhumanas a su hijo.

Desde el primer momento Jesús se enroló en la clase más numerosa y abandonada que son los pobres. Su madre vivió siempre entre misterios que siempre hacían referencia a los sufrimientos de su Hijo. El evangelio nunca habla de Jesús como consolador de su madre, sino al revés. La encontramos siempre en sus grandes apuros envuelta en las palabras misteriosas de su Hijo, que a veces suenan a desplante, a incomprensión, a desdeño: “¡Hijo!, le dice la Virgen con una pena casi incontenible, ¿por qué te has portado así? ¿Qué te hemos hecho tu padre y yo que estábamos llenos de pena mientras te buscábamos?

Para remachar más la pena de sus padres les hace una pregunta que humanamente parece un jeroglífico: “¿No sabíais que yo debía ocuparme de las cosas de mi Padre?”.

Sus grandes penas parece que no tuvieran en su Hijo grande repercusión. Las palabras de su Hijo aparecen siempre como misteriosas: “Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora”.

El pueblo es el que centra la atención de los hombres en las “penas” de María y en Ella encuentra la consolación.

La felicidad y la dicha en este mundo distraen a los hombres de los sufrimientos de Cristo y de las penas de su Madre. Por eso Cristo beatifica a los pobres y los selecciona como los primeros destinatarios de las lágrimas de su madre y de la ternura de la Virgen.

Ella había sido elegida desde la cruz por su propio Hijo como madre de todos los hombres y Ella como mujer responsable se aplicó a sí misma estas palabras con todas las consecuencias: consecuencias eternas y consecuencias humanas. Ella, en cierto modo, iba a tener una gran responsabilidad y preocupación por el destino eterno de los hombres, y por lo que estaba viendo, éstos no le ofrecían gran confianza. Ni estaba muy segura de su colaboración. Los apóstoles y discípulos habían huido y lo habían dejado solo y la inmensa mayoría vivían totalmente despreocupados del gran acontecimiento de la historia. Naturalmente esto tenía que producir en ella una “pena” desgarradora, que sólo pudo hallar consuelo en la resurrección de su Hijo y del resto de los hombres, que también eran hijos suyos.

05 mayo, 2008

Portada programa de mano de la Semana Santa de Almería 2008, LIBREA. Editado por la Tervlia Cofrade Venga de Frente

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04 mayo, 2008

Portada del programa de Semana Santa 2008 del diario El Mvndo en Almería

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Página en Boletín de Semana Santa 2008 de la Hermandad de la Santa Cena

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29 marzo, 2007

Páginas en ALMERÍA COFRADE, SEMANA SANTA 2007 * Nº 25

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25 marzo, 2007

Volverán sus cirios a encender

josé ramón suárez ortiz
publicado en el Boletín de Semana Santa de la Hermandad de la Santa Cena
Volverán las oscuras golondrinas
de tu balcón sus nidos a colgar
y otra vez con el ala a tus cristalesj
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres…
ésas… ¡no volverán!
Gustavo Adolfo Bécquer, Rimas.

Son tardes de comer ese pan de carnes abiertas mientras con el carmín de la tradición se pinta en las paredes reivindicando la esencia deseada. No hay mucha cera pero el gran teatro vuelve con sus cortinas y su telón, a encender una llama que creemos adivinar ahí. Quizá la soñemos en plácida siesta franciscana o tal vez se abandone (no se sabe muy bien quién a quién) donde los viejos son barrio y mañana. O tal vez todo eso, unido, sea la extraña gloria de la heterodoxia más ortodoxa.

Hoy hay ganas de mujer. Hoy Almería rompe aguas. Y lo hace a borbotones. Es la fuente llamada a ser bebida por las tres especies. Todo es común y diferente al vuelo de los plumíferos que acuden sedientos, como heraldo de cielo catedralicio en tarde de primavera, a calmar la sed en la fuente por la que brotan —como digo, a borbotones— nazarenos que encuentran en la ausencia de color el suyo. La fuente de la Semana Santa de Almería. Por forma, por colores y porque con la primavera llegan, el cielo de las vísperas se llena de nazarenos muy diferentes y muy parecidos que sobrevuelan la tradición. Con su sed diferente llegan a beber de la misma agua. Y vuelven ellos de tu Semana Santa, sus cirios a encender.

De aviones, golondrinas y vencejos se llena la tarde esta tarde. Con las vísperas se desperezan de sur y llenan con sus tamaños y sus manías la confusa autopista devocional de los cielos amoratados y serenos. Hay rasgos comunes dentro de esta familia y notas que a los ojos de cualquiera que los contemple los hará diferenciarlos. Sólo a los ojos del que no quiera ver pero a oídos del que no le quede más remedio que hacerlo se podrá diferenciar el vuelo de cada uno. En Piedras Redondas, en san Ignacio, volarán los delichon urbica de la tarde y colgarán sus nidos de la Semana Santa. Son los aviones comunes negros, muy negros. Como las túnicas y los antifaces de los nazarenos de la Unidad. En cambio, cerca del mar, en la capilla que a diario se abre a mi barrio serán las golondrinas las que con su larga capa revoloteen como las hirundo rustica que son el cielo antiguo de mis calles. De un color negro brillante por arriba, por debajo son blancas como estos nazarenos por la cuesta de Santa María con todo el color del sol poniente a las espaldas. Los de la Caridad, cipreses como de Velázquez, son vencejos negros. Altos, estilizados, grandes y, raramente, se detienen. Sobrevuelan la atardecida en san Agustín y se traen la nostalgia a mi barrio. En la lonja de la Catedral calman la sed y, también provocan arcadas de nostalgia cuando a los cristales de tus vidrieras, caro Cabildo, manifestándose vuelvan, un año más, con su presencia a llamar.

Si en el manido verso de Bécquer volvían ellas sus nidos a posar, vuelven esta tarde de gloria y nazarenos ellos sus cirios a encender. La llama no se apagará en toda la Semana. Espartos, capas, colas, sandalias, zapatos y cirios. Y cuando regresen a sus nidos para la eternidad del próximo año, hasta los calores de la próxima Cuaresma, nos quedará el recuerdo de su cera en el centro de la calle. Unos verán las lágrimas negras de quien llora porque todo empieza a acabarse. Otros, simplemente, los cagajones del caballo que mañana certificará que, en Semana Santa, todo acaba por la noche pero vuelve a empezar el día siguiente. Grandezas de esta Semana; que volverán el año que viene, los oscuros nazarenos, sus cirios a encender.

25 febrero, 2007

TOMAS DE AQUINO Y EL CRISTO DE LA CARIDAD

cinco vías de la existencia de Dios o teoría y metáfora de una rosa

publicado en la Guía de la Semana Santa 2005

josé ramón suárez ortíz

Se podría decir que Dios no existe y, de hecho, se dice aunque negar su existencia suponga aceptar, en parte, esa posibilidad. Pero creamos o no que exista o deje de existir Dios, lo que resulta innegable es que éste está ahí.

Por otra parte, en el libro del Éxodo dice Dios de sí mismo: Yo soy el que soy (Ex 3,14).

Ya Tomás de Aquino demostró por cinco vías la existencia de Dios; la primera y más clara de todas, la fundó en el movimiento al ser este algo innegable ya que, por medio de los sentidos, somos conscientes de que en el mundo hay cosas que se mueven. Pues bien, partiendo de esta obviedad (precisamente es ese el elemento definidor de su grandeza), queda claro que todo lo que se mueve es movido por otro, ya que nada se mueve más que en cuanto está en potencia respecto de aquello para lo que se mueve. Por el contrario, mover requiere estar en acto, ya que mover no es otra cosa que hacer pasar algo de la potencia al acto, y esto no puede hacerlo más que lo que está en acto, a la manera como lo caliente en acto, por ejemplo el fuego, hace que un leño, que está caliente en potencia, pase a estar caliente en acto. Ahora bien, no es posible que una misma cosa esté, a la vez, en acto y en potencia respecto a lo mismo, sino respecto a cosas diversas.

Tomando el ejemplo antes citado del fuego y el leño, se dice que lo que es caliente en acto no puede ser caliente en potencia, sino que en potencia es, a la vez, frío. Es, pues, imposible que una cosa sea por lo mismo y de la misma manera motor y móvil, como también lo es que se mueva a sí misma. Por consiguiente, todo lo que se mueve es movido por otro. Pero si lo que mueve a otro es, a su vez, movido, es necesario que lo mueva un tercero, y a éste, otro. Mas no se puede seguir indefinidamente, porque así no habría un primer motor y, por consiguiente, no habría motor alguno, pues los motores intermedios no mueven más que en virtud del movimiento que reciben del primero, lo mismo que un bastón nada mueve si no lo impulsa la mano. Por consiguiente, es necesario llegar a un primer motor que no sea movido por nadie, y éste es el que todos entienden por Dios.

La segunda vía de la existencia de Dios se basa en la causalidad eficiente. Hallamos que en este mundo de lo sensible hay un orden determinado entre las causas eficientes pero no hallamos que cosa alguna sea su propia causa, pues en tal caso habría de ser anterior a sí misma y esto, obviamente, es imposible. Ahora bien, tampoco se puede prolongar indefinidamente la serie de causas eficientes, porque siempre que hay causas eficientes subordinadas, la primera es causa de la intermedia, sea una o muchas, y éstas, causa de la última; y puesto que, suprimida una causa, se suprime su efecto, si no existiese una que sea la primera, tampoco existiría la intermedia ni la última y si se prolongase indefinidamente la serie de causas eficientes no habría causa eficiente primera y, por tanto, ni efecto último ni causa eficiente intermedia, cosa falsa a todas luces. Por consiguiente, es necesario que exista una causa eficiente primera, a la que todos llaman Dios.

La tercera vía, considera el ser posible o contingente y el necesario, y podemos formularla de la siguiente manera: Hallamos en la naturaleza cosas que pueden existir o no existir pues vemos seres que se producen y seres que se destruyen y, por tanto, hay posibilidad de que existan y de que no existan. Ahora bien, es imposible que los seres de tal condición hayan existido siempre ya que lo que tiene posibilidad de no ser hubo un tiempo en que no fue. Con todo esto, si todas las cosas tienen la posibilidad de no ser, hubo un tiempo en que ninguna existía. Pero en caso de ser esto cierto, tampoco debiera existir ahora cosa alguna porque lo que no existe no empieza a existir más que en virtud de lo que ya existe y, por tanto, si nada existía, fue imposible que empezase a existir alguna cosa y, en consecuencia, ahora no habría nada, cosa evidentemente falsa. Por consiguiente, no todos los seres son posibles o contingentes sino que entre ellos, forzosamente, ha de haber alguno que sea necesario. Pero el ser necesario o tiene la razón de su necesidad en sí mismo o no la tiene. Si su necesidad depende de otro, como no es posible, según hemos visto al tratar de las causas eficientes, aceptar una serie indefinida de cosas necesarias, es forzoso que exista algo que sea necesario por sí mismo y que no tenga fuera de sí la causa de su necesidad, sino que sea causa de la necesidad de los demás, a lo cual todos llaman Dios.

La cuarta vía considera los grados de perfección que hay en los seres. Vemos en los seres que unos son más o menos buenos, verdaderos y nobles que otros, y lo mismo sucede con las diversas cualidades. Pero el más y el menos se atribuye a las cosas según su diversa proximidad a lo máximo, y por esto se dice lo más caliente de lo que más se aproxima al máximo calor. Por tanto, ha de existir algo que sea verísimo, nobilísimo y óptimo, y por ello ente o ser supremo; pues, como dice el Filósofo, lo que es verdad máxima es máxima entidad. Ahora bien, lo máximo en cualquier género es causa de todo lo que en aquel género existe, y así el fuego, que tiene el máximo calor, es causa de todo lo caliente, según dice Aristóteles. Existe, por consiguiente, algo que es para todas las cosas causa de su ser, de su bondad y de todas sus perfecciones, y a esto llamamos Dios.

La quinta vía se toma del gobierno del mundo. Vemos, en efecto, que cosas que carecen de conocimiento, como los cuerpos naturales, obran por un fin, como se comprueba observando que siempre, o casi siempre, obran de la misma manera para conseguir lo que más les conviene; por donde se comprende que no van a su fin obrando al acaso, sino intencionadamente. Ahora bien, lo que carece de conocimiento no tiende a un fin si no lo dirige alguien que entienda y conozca, a la manera como el arquero dirige la flecha. Luego existe un ser inteligente que dirige todas las cosas materiales a su fin, y a éste llamamos Dios.

Pero el mérito de esto que acabamos de leer
[1] no es mío, ni muchísimo menos. Me sirvo de los doctos —que no es lo mismo que aprovecharse de ellos, que es muy diferente— por lo que no puedo concluir aquí esta reflexión puesto que, de hacerlo, no sería mía.

Y ahora es cuando este pretencioso ensayo reducido a migajas, ensayito que dirán muchos, cobra fuerza, sentido, a partir de lo expuesto y lo aún por exponer Ahora es cuando el entro en juego para, eso sí de forma subjetiva, relacionar el lenguaje de los doctos con el del pueblo, ese que no es sino vehículo, medio, para alcanzar a dar con las “cosas” más elevadas, esas que nos resultan tan cercanas y, a la vez, tan lejas, que no distantes. ¿O sí?

Bueno, el caso es que la existencia de Dios, ese Dios tan cercano a ratos y tan distante a otros, se nos antoja difícil de demostrar por nosotros mismos si no es recurriendo a nuestra formación elemental, básica y, hasta cierto punto, deformada, de la realidad sensible. Porque todo el mundo habla de religión como el más firme teólogo y todos sabemos de religión lo que en las escuelas nos enseñaron; pocos han sido los que han profundizado en el tópico y muchos los que, aún suponiéndoseles una cierta formación, confían en el poder de Dios que dejó esto listo en seis días.

Y, ojo, que no se pretende ridiculizar a nadie; lo único que pido, lo que se debiera exigir a si mismos aquellos que abren la boca aún cuando no tienen nada que decir es que sepan de lo que hablan. Que, por ejemplo, cuando acudan a las Sagradas Escrituras lo hagan conscientes de que fueron redactadas hace dos o tres mil años, por lo que, para situar los libros que las conforman, hay que acudir a los datos que proceden de la historia tal y como la conocemos por la Biblia y por los demás documentos de otros pueblos; de la literatura de la época ya que, por ejemplo, los sermones judíos de la época de Jesús nos muestran como se comprendía entonces el texto de la Escritura y; de la arqueología como demuestra el hallazgo en Jerusalén de la piscina de cinco pórticos de la que nos habla Juan (Jn. 5, 1-3).
Como es de lógica, este trabajo está dedicado y reservado a los especialistas, pero por fortuna, ellos nos han comunicado los resultados de sus investigaciones ya que en las introducciones y notas de nuestras Biblias, podemos encontrar los datos esenciales. Basta con saberlo y utilizarlos. Pero ni sabemos ni, por regla general, nos dejamos instruir.

Otro caso, por ejemplo, es el de la interpretación de los textos; unos textos que como ha quedado dicho, tienen más de dos mil años de antigüedad y para los que debemos exigir un mínimo de formación para afrontar su lectura. Toda sociedad necesita, para existir, crear una literatura; una nación tiene sus leyes, sus discursos, sus celebraciones, sus crónicas del pasado, sus epopeyas, sus poemas, sus canciones, etc., al igual que la vida de la nuestra Hermandad, de toda hermanad, se rige por medio de las Reglas, cuya aprobación por una autoridad de la que, permítaseme la licencia, anda bastante mediatizada, aguarda a la espera de vientos propicios que no es de extrañar soplen cuando no haya velas ya que henchir.
Bien, como íbamos comentando, del tratamiento de estos textos, de la lectura e interpretación que de los mismos hagamos a la luz del conocimiento extraeremos reveladoras conclusiones partiendo del género literario al que pertenezca el texto que se está leyendo y alcanzando dar, por tanto con su tipo de verdad.

Relacionar las cinco vías de existencia de Dios con el Santísimo Cristo de la Caridad.

Esta es la primera vía de la existencia de Dios según Tomás de Aquino; el movimiento, donde el motor primero mueve al último y dónde este —en lo que no es tema que nos ocupe ahora— no encuentra mejor manera de decirles a los demás lo que Éste les dijo que “moviéndolo”, llevándolo a visitar los hogares que ellos consideran deben expresar.

Dios existe; y acude al socorro de sus hijos desde el barrio de la Caridad. Y existe por la sencilla razón de que dio el arrojo necesario a un grupo de hermanos —los facultó para el movimiento— para que se sirvieran de su imagen muerto, del profundo simbolismo que su Traslado al Sepulcro esconde, para demostrar su existencia. Motor de quiénes, gracias a esta “energía” mueven los corazones de un barrio y Almería.

Y es Dios causa primera y nosotros causa última. Somos nosotros los llamados, “movidos” por él.

En este sentido, la posibilidad ofrecida en un barrio como en el que radica nuestra Hermandad de dar a conocer a Dios, mostrarlo y acercarlo a quien así lo quiera, es más que evidente prueba

[1] Suma de teología, Primera parte, cuestión 2, a. 3, (en C. Fernández, Los filósofos medievales. Selección de textos, 2 vols., BAC, Madrid 1980, vol. II, p. 484-489).

Bendición de las imágenes de San José de Arimatea, San Nicodemo y San Juan Apóstol y Evangelista

Pertenecientes al grupo escultórico del Traslado al Sepulcro de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Caridad
publicado en la Guía de la Semana Santa 2005

A la Hermandad del Silencio y muy especialmente a su Hermano
Mayor Manuel Vicente Barranco Rodríguez, por su categoría cofrade,
por su buen hacer, por su ayuda inestimable, por la posible y
fructífera convivencia entre dos Hermandades.

fernando salas pineda

Se cumplía el noveno aniversario de fundación de la Hermandad y no podía celebrarse de mejor modo que culminando la escena principal que compondrá su paso de misterio. Al igual que sucediera en la bendición de la imagen del Santísimo Cristo de la Caridad, la solemne celebración eucarística tuvo lugar en la Iglesia Parroquial de San Agustín de los Padres Franciscanos, O.F.M. el sábado día 25 de septiembre de 2004 a las 20:30 horas de la tarde.

Un poco de historia

Cuando la imagen del Santísimo Cristo de la Caridad se encontraba en proceso de modelado se firmaba el contrato para la ejecución de las imágenes de San José de Arimatea, San Nicodemo y San Juan Apóstol y Evangelista el sábado día 19 de junio de 1998, ajenos, por entonces, a los posteriores avatares y retrasos que han tenido su realización. El 21 de mayo de 1999 finalizaba el proceso de modelado en barro de las tres cabezas, mientras que el 15 de noviembre de ese mismo año se sacaron de puntos y se realizaron los cuerpos. Pero no es hasta el pasado año de 2004 cuando felizmente se concluyeron los trabajos en el mes de julio, trasladando las imágenes hasta Almería el día 24 de dicho mes, en una jornada que jamás se nos podrá olvidar, y no sólo por poner fin a tan larguisíma espera, sino por sufrir un soporífero día de intenso calor en una de las olas de mayor intensidad de los últimos años.

Las imágenes

Acompañar a una talla tan excepcional como la del Santísimo Cristo de la Caridad suponía el altísimo riesgo de desfigurar tan colosal obra escultórica, pero no ha defraudado en nada el Dr. Miñarro al componer en perfecto y armónico equilibrio quienes han de llevarlo sobre sí en conjunción de fuerza y movimiento. Se nos presentan tres imágenes con la unción necesaria como para que transciendan de obra de arte a icono sagrado. San José de Arimatea, protagonista relevante en los últimos instantes de la presencia mortal de Cristo en la Tierra, quien le cedió su propio sepulcro nuevo, es el valiente que pone en riesgo su estatus como miembro del Consejo supremo de los judíos -el Sanedrín- para apostar por Jesús en detrimento de su posición. Se nos muestra junto a la divina cabeza de Cristo vencido, el rictus del rostro de venerable ancianidad roto por el dolor y llorando por el infame desenlace.

San Juan Apóstol y Evangelista, hombro con hombro con el de Arimatea, aporta su vigor y arrojo, es uno de los hijos del trueno, el águila que con su primer aleteo se eleva en el prólogo de su Evangelio por las vertiginosas alturas del misterio trinitario, el único en seguir a Jesús hasta sus últimas consecuencias, llora amargamente en la despedida del maestro y podemos decir, si temor a equivocarnos, que es la más valiosa aportación escultórica de Miñarro de entre los Varones, su valiente postura, su rostro desencajado lo hacen diferir del patrón escultórico con el que hasta ahora se ha tratado la figura del más joven de los apóstoles.

Nicodemo, fariseo y también miembro del Sanedrín, quien abogó a favor de Jesús, aquél que anteriormente había ido a verle de noche, es la representación viva de la madurez y la fuerza, sostiene al Cristo por las piernas y su rostro transmite confianza y sosiego, él hizo también misericordia con el Señor y al participar en su entierro dispuso lo necesario, una mezcla de mirra y aloe de unas cien libras, para envolver con vendas y fajar con aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar, el maltrecho cuerpo de Jesús.

Las ropas con las que se han revestido las imágenes revisten la sobriedad que las Reglas de la Hermandad disponen sobre ellas. San Juan, huyendo de los tópicos sobre sus colores representativos, viste túnica marrón franciscano ceñida con soga con nudos también franciscanos y mantolín café; para los Santos Varones la Hermandad ha encargado un estudio a expertos para determinar los géneros y colores usados por los miembros del Sanedrín y las costumbres de uso en los enterramientos judíos, con ello desaparecerán los modelos aceptados del barroco de vestir a las imágenes, ganándose en realismo y rigor histórico, por lo que las sobrias vestimentas actuales son de carácter provisional.

Solemne Bendición

Empezaba el culto puntual a la hora anunciada y como no podía ser de otro modo con el rezo de la Corona Dolorosa de Nuestra Señora. No es un recurso para mentir a la historia, la realidad es que el templo estaba lleno y no hicieron falta carteles ni otras convocatorias, sólo los fieles seguidores del Cristo de la Caridad. Igual nos ocurriría si pretendiéramos exaltar el extraordinario trabajo realizado por la priostría de la Hermandad, cualquier adjetivo, cualquier descripción parecerían pretenciosos y chauvinistas, estériles por otro lado y sólo adivinables por quienes tuvieron la suerte de contemplarlo y ahora guardan los equilibrios estéticos en los rincones del recuerdo. Y como lo verdaderamente esencial no es lo que ven nuestros ojos sino lo que siente nuestra alma, la gran celebración fue, como siempre quiere esta Hermandad que lo sea, la Eucaristía, el gran banquete solemne con nuestro ritual de siempre. Tres escogidos textos para la liturgia de la Palabra, El hombre de Dios y el profeta, del libro primero de los Reyes 13, 29-32, El Bautismo, de la carta de San Pablo a los Romanos 6, 1-11, y La sangre de Jesús nos limpia los pecados, de la primera carta del apóstol San Juan 1, 5-2,2. Para el Evangelio San Juan, con su descripción precisa del enterramiento del Señor, La sepultura 19, 38-42. Medida y preciosa homilía del guardián de la comunidad de los Padres Franciscanos Fray Miguel Francisco Sagredo Jiménez, en su ya tristísimo para todos nosotros despedida como párroco de San Francisco y Director Espiritual de nuestra Hermandad y preciosísimo rito también de bendición de las imágenes que se hizo una a una, tras una monición, oración y su propia introducción. A tan solemne Eucaristía puso nota celestial la Coral San Agustín, con un correcto y medido repertorio que nos daría, junto a otros múltiples detalles, para muchas páginas.

Primera Estación de Penitencia

El próximo Sábado de Pasión día 19 de marzo, los Santos Varones y San Juan trasladarán al sepulcro al Santísimo Cristo de la Caridad en el paso que provisionalmente acogerá la primera parte del grupo, hasta la conclusión definitiva de todas las imágenes y en consecuencia la construcción de un nuevo paso, dando así sentido a la postura del Señor. El programa para la realización del resto de la obra, es decir María Santísima y las Santas Mujeres, se pretende culminar en los próximos dos años, de modo que Santa María Magdalena se concluirá D.m. en este 2005, mientras que Santa María Cleofás y Santa María Salomé en 2006 y María Santísima de las Penas y Santa Marta en 2007, ese es el firme propósito de la Hermandad y el compromiso formal de su artífice el Doctor Juan Manuel Miñarro López.

QUINCE MINUTOS EN COMPAÑÍA DEL CRISTO DE LA CARIDAD

publicado en la Guía de la Semana Santa 2004

A las víctimas, los lectores y mis hermanos en Cristo, para que sepan perdonar mi “particular” traición en forma de reflexión; a Judas a quien hoy comprendo y a los que tienen prisas por llegar... Porque lo malo de las carreras es que cuando llegas...

Y al Sr. san Pedro. Allí, a la vera de una roca, de una piedra y fíjense Vdes. por donde, un pilar, la amabilidad de una señora permiten que hoy podamos estar...

josé ramón suárez ortiz

Cuesta llegar hasta ti no porque permanezcas inaccesible sino porque a nosotros nos lo parece. De todas formas, al final de la calle desde la que se contempla tu casa se siente un nombre de tal que no pudieron ser más sabios aquellos almerienses que así la nombraron. Y tal vez recorrerla sea una metáfora de esta vida; sufrimiento y esfuerzo para alcanzar la gloria definitiva de poder verte. Y cuando se alcanza..., ¿qué mejor regalo que tu presencia?.

Recuerdo aquel día en que, como tantas veces, me invitaste a pasar. Porque hacía tiempo que no te visitaba aún estando casi a diario tan cerca. Pero ese día entré. Sin aspavientos. Maravillándome de tu serena tranquilidad, ajena, por completo, al ajetreo de fuera. Tú y yo, solos, sin la necesidad de estarlo. ¿No me basta con recordarte si no hay más gloria que la memoria?.

Tu bienvenida fue clara, directa, diáfana, como la luz que, dicen, engendró a tu Madre. No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme mucho y así es. Dijiste que bastaba con amarte mucho y con que te hablase, sencillamente, como hablaría a un amigo íntimo, como se hablaría y habla con una madre o con una esposa o esposo. Y así te hablé.

Te hablé como María, la de Magdala, aún ausente, de rodillas a tus plantas, atisbando vida en unos párpados caídos; buscando sentido a una rigidez... y encontrando sentido a todo en una simple rosa. Que esa es la más bella evangelización de Almería; el derramamiento de tu sangre no fue inútil. De ella salió y puede salir siempre que queramos, la más bella flor. Qué ejemplo, qué gloria en un detalle tan efímero. Y cuanto pesa esa gloria, ¿eh?.

Y asido a la rosa de la Vida te hice, porque así lo has querido, una petición a favor de los otros, de los demás, porque recuerdo que un día enseñaste a los que te seguían que te gustaban las personas generosas que se olvidan de sus cosas para preocuparse de los demás. Háblame con sencillez de las necesidades de los tuyos y no te olvides de pedir por los pobres y los que sufren, que son mis hijos predilectos y, también, por los que viven alejados de mí, para que vuelvan al buen camino. Dime por todos una palabra siquiera, pero que sea palabra de amigo, palabra sincera y llena de confianza. Recuerda que yo he dicho “pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá” (Lc. 11, 9).

Qué lección en estos tiempos. Dos mil años y aún tan vivo como siempre.

Luego, porque no lo pude evitar, tuve que acapararte. Me costaba pedir por otros y no pedir para mí, lo que aceptaste con cariño invitándome a hacer una lista de mis necesidades para que la leyera en tu presencia. Y me ayudaste a redactarla indicándome que pidiera, en primer lugar, por lo que más me conviene: que para mi orgullo me dieras humildad; para mi pereza, diligencia y fortaleza; para mi egoísmo, generosidad y, en todo, una alegría firme y constante.

Y fue firme tu palabra, otra vez más porque viniste en ayuda de los esfuerzos, más bien pocos, que hago para quitarte esos defectos.

Finalmente, y aquí he de rendirme a la evidencia, te plagio, no hago mías tus palabras sino que las traslado para el que las quiera escuchar como yo lo hice...

“No vaciles en pedirme también bienes del cuerpo y del entendimiento: salud, memoria, éxito en tu trabajo…, todo eso puedo darte y te lo daré siempre y cuando convenga al bien de tu alma. Hoy por hoy, ¿qué necesitas?, ¿qué puedo hacer por ti?. ¡Si conocieses los deseos que tengo por favorecerte!”.

Y seguir es ahondar en nuestras miserias. En nuestros absurdos aires de grandeza, en nuestra pequeñez ante tu inconmensurable caridad. ¿Quién si no iba a querer escuchar mis proyectos, mis ilusiones, mis anhelos?.

Cuéntamelo todo, me decías. ¿Qué llevas entre manos?. ¿Qué piensas?. ¿Qué puedo hacer por tu familia?. ¿Qué deseas para ellos?. A lo que una única respuesta salía de mí... Que te conozcan, decía.

Pero mostrarte es difícil. Asustan las responsabilidades. Y no es que tengas necesidad de gloria..., es que en eso consiste el mayor bien de todas las personas pues eres el camino para llegar al cielo, la verdad y la vida eterna como la antesala de tu casa nos anuncia... Regocijos para quien llega. Pero mostrarte, te vuelvo a decir, es difícil. Dame valentía para hacerlo.

Y sé que harás lo que más me convenga. Porque sé que te importa todo lo mío pues eres mi padre, mi madre y mi mejor amigo, ese al que sólo acudo al final, al que aparto en ocasiones y recurro en desilusiones. Por eso yo sólo te conozco cuando estoy triste o enfadado. Cuando la desilusión invade mi alma y los hombres mienten. Aunque, cada vez que eso hago, siempre acabo por perdonar a todos, por olvidar todo y, tú, por premiarme con la alegría.

Una alegría que deja en llanto la que supone acompañarte cada año en tus cultos. Una alegría que supera la de poder besar la mejilla del hermano al acabar la Estación. Una alegría que desborda los sentimientos al entregar la Papeleta en la puerta y acceder al anticipo de la gloria cada Víspera de la certeza plena.

Una alegría que espanta todo temor y diluye toda melancolía, que, aunque muchas veces injustificada, llena el alma de tristeza. Tristeza como la que algún Viernes Santo de imprecisa definición ahuyentarás y diluirás en tu inconmensurable caridad. Que de eso, de todas formas, ya se encarga quien tañe la doble esquila que pregona tu amor. Porque tus hijos habrían de incorporar a los títulos con los que sólo pretenden honrarte el de ser metafórica hermandad.

Y es que desde el inicio al fin, todo Tú, el abandono se torna en regreso, vuelta si es para bien. Perdona a todos y no quieras ser enemigo de nadie, recuerdo que me decías. Y tu absoluto misterio es otra metáfora de la vida.

Pero verte es sentirme mal. Sentirme mal porque dar sin recibir ni, caso, esperarlo, ofende, humilla aún sin pretenderlo y, lo que es peor; no tomamos siquiera medidas... Porque nuestras alegrías, mis alegrías, siempre te interesa conocerlas y a nosotros nunca contártelas porque no te vemos detrás de ellas... Porque te vemos detrás de la pena, de los oprimidos y nunca de los que se sienten a gusto... de los que han conseguido todo por ellos mismos... Ilusos. Sin comprender que para los que aman a Dios, todo es para bien.

Y para bueno este rato, ¿eh?.

Aunque mejor el final... El ejemplo de tu palabra... De tus hechos. De tu deseo de que este rato de conversación termine con un buen propósito. Una acción... Otra grandeza y metáfora de tus hijos que te veneran con nombre de barrio (algún día abordaremos lo metafórica que puede llegar a ser y es la hermandad del Cristo con nombre de barrio). Por eso pides que si hay alguna decisión recta que lleve tiempo retrasando, ahora la ponga en práctica. Porque siempre te gustaron las personas decididas y audaces que no se dejan las cosas para mañana. Y si acaso los propósitos no salen a la primera, habré de insistir, dices, porque no basta con proponerse una vez las cosas, sino que es preciso volver a intentarlo muchas veces hasta que se consiguen.

¿Será cierto que si obro así no me faltará tu ayuda?.Bendita duda.

Y el reloj de la materia anuncia la llegada de una nueva jornada, de un nuevo tiempo a la luz del despropósito, los aceleros, las prisas y las carreras, de las tristes metas que alcanzar y los duros y absurdos obstáculos hasta las mismas, de la maldad de los hombres por quien hay quien pide y a cambio reciben mal...

La caridad, principio y final de esta gran mentira, nos invita a volver a nuestras ocupaciones: la familia, el trabajo y al descanso, que también Dios está en todas esas cosas. Y nunca olvidaré este rato que hemos pasado juntos. Desde entonces, intento —sin mucho éxito aunque la voluntad sea lo que cuente— y procuro ofrecerle todo cuanto hago.

AL CRISTO DE LA CARIDAD

El Santísimo Cristo de la Caridad inspiró estos bellos versos a al Fray Fermín María, O.F.M.

Me pareces tan hermoso,
Señor, así, desclavado,
que casi admiro al malvado
verdugo vil y alevoso.

Tu corazón generoso
por la lanza destrozado,
mejor que vivo y colmado,
muéveme al llanto copioso.

Perdona mi desvarío...
Es que así mueve mi amor
el mirarte, Jesús mío,
sumiso así y entregado,
que deseo, mi Señor,
estar contigo enterrado.

LOS CULTOS EN LA HERMANDAD DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA CARIDAD

Charla impartida en nuestra Hermandad con motivo de la celebración de sus primeros cultos en el año 2000
fernando salas pineda

LOS CULTOS EN NUESTRAS REGLAS

A lo largo de nuestras Santas Reglas, y como en las de la mayoría de Hermandades y Cofradías, los Cultos son una constante referencia y ocupan el lugar propio que, como fin principal de la Hermandad, tienen. La primera y más importante referencia la tenemos el en Título Segundo, Fines de la Hermandad, en el primer punto de la Regla 7ª se cita: Dar culto público y asiduo a Dios nuestro Señor y a su Santísima Madre la Virgen María, conmemorando especialmente los Sagrados Misterios de la Redención por la Pasión y Muerte del Salvador en recuerdo de los últimos instantes de su presencia humana en la tierra y por su gloriosa resurrección.
Dentro de este Título Segundo, el Capitulo Primero dedica todas sus Reglas, de la 10ª a la 12ª, a la pormenorización de cada uno de los cultos que durante el año celebra nuestra Hermandad, esta noche haremos hincapié, preferentemente, en los cuaresmales, precisamente los más solemnes e importantes, los que dan sentido a todos los demás, por los que sólo quedaría justificada toda nuestra existencia como corporación. Estos son: Solemne Función Principal de Instituto el tercer domingo de cuaresma, Solemne Quinario los cinco días anteriores, Besapiés a la Sagrada Imagen de nuestro Muy Venerado Titular el Domingo de Pasión, como acto de oración y meditación que finalizará con el rezo de la Corona Dolorosa y el Ejercicio de las Cinco Llagas. Otro cultos que aún estamos privados de realizar son: El traslado del Santísimo Cristo de la Caridad a su paso procesional con rezo del Santo Vía-Crucis y la misa de nazarenos ante el paso preparatoria de la estación de penitencia. También señalan nuestras Reglas la participación corporativa en los Oficios de Semana Santa, es decir en el Triduo Sacro de nuestra Parroquia, como así se viene haciendo.

El Capitulo Segundo recoge desde la Regla 13ª a la 28ª todas la providencias de la estación de penitencia, como el más importante acto de culto y razón fundamental de la constitución de la Hermandad, todos los hermanos darán público testimonio de su fe y harán estación de penitencia saliendo en procesión, en oración, sacrificio y austeridad, uniéndose a Cristo paciente en la expiación de todos los pecados de los hombres y de los propios, procurando suplir la Pasión de Cristo con nuestra propia pasión, y participando de la situación penitencial de la comunidad cristiana.
También tiene una dimensión evangelizadora a través del conjunto de los signos que la constituyen y de la actitud sincera de los penitentes que en todo momento procurarán revelar el rostro de Dios a los hombres. Los hermanos vivirán esta acto en unión íntima con Dios y como apóstoles de Cristo ante el pueblo.

EL CULTO A LA IMAGEN ES EL CULTO A DIOS

Las Hermandades dedicamos pues un culto de latría a Dios, en reconocimiento de su grandeza y la dependencia absoluta del hombre respecto de El, como así el de hiperdulía, dirigida a la Santísima Virgen por su eminente dignidad de Madre de Dios, superior al que se da a los ángeles y a los santos.
El catecismo de la Iglesia Católica nos dice que “la iconografía cristiana transcribe mediante la imagen el mensaje evangélico que la sagrada Escritura transmite mediante la palabra. Imagen y palabra se esclarecen mutuamente”. Y el concilio de Nicea reconoció frente a los iconoclastas que era legítima la representación de imágenes sagradas con base a dos premisas esenciales.
1. Que así como el Verbo se hizo carne asumiendo una verdadera humanidad, un cuerpo humano limitado, así mismo era legítimo pintar la faz humana de Cristo.
2. Que la imagen sagrada puede ser venerada, porque el creyente que venera a la imagen, venera a la persona representada en ella.
Nuestras Imágenes nos son algo pasivo y estático, hablan exactamente igual que lo hacen las páginas del Evangelio.
Nuestras Imágenes Sagradas no son meros objetos artísticos estáticamente expuestos en una Iglesia, que, por lo demás, no es lugar de exposición, sino de oración.
Y por último y aquí el asunto de fondo; nuestras Imágenes Sagradas no son algo impersonal, sino que las mostramos vinculadas a nosotros, a nuestras Hermandades y a nosotros mismos en cuanto a personas individuales, de tal forma que nuestras Hermandades y nuestras personas se hacen así imágenes de la Imagen.

LA CUARESMA EN EL AÑO LITÚRGICO. NUESTROS CULTOS CUARESMALES

Nunca ponderaremos lo suficiente la relevancia que el Año Litúrgico tiene en la vida de la Iglesia. Este es una espiral ascendente hacia la cima de la perfección: el Adviento es la siembra, la esperanza; la Navidad, los primeros brotes de la fe; la Cuaresma, el crecimiento en la caridad con el riego y la poda necesarios; la Pascua, la floración gozosa derivada del injerto en la victoria de Cristo; el Tiempo Ordinario postpentecostal es la siega y el barbecho estival en el que se degustan todos los episodios de la historia de la salvación en su globalidad, actualizándolos en la vida del mundo presente.

La Hermandades de Penitencia tienen como fin primordial, la nuestra también, ayudar a los fieles comunitariamente a preparar, vivir y actualizar el misterio de Cristo Salvador que se inmola por nosotros en la Cruz y nos invita a participar en su labor redentora. Por lo tanto su ámbito propio junto a la Semana Santa, es la Cuaresma, periodo de cuarenta días que la Iglesia propone a los fieles para bien disponerse a la participación en la Pascua, va desde el Miércoles de Ceniza hasta la misa de la Cena del Señor exclusive, por lo que sus notas dominantes son la conversión y la penitencia.

En la tercera semana de Cuaresma, celebramos nuestro Quinario. ¿Qué es el Quinario?. Es la celebración eucarística que durante cinco días consecutivos se celebra en recuerdo de las Cinco Llagas del Señor, manos, pies y costado, destinados a renovar anualmente los pasajes de Jesucristo, detenernos con mayor profundidad en su Pasión. Días de meditación y profunda oración, de recogimiento, de dialogo con el Señor. Días que nos pueden servir para una auténtica conversión, como un ejercicio hondo y espiritual que nos purifique interiormente y nos lleve con gozo a la Pascua. Es la mejor preparación y penitencia para proclamar luego en procesión nuestra fe sincera. Es una oportunidad que nos brinda el Señor para hacer una parada en nuestra vida a veces vacía, a veces rutinaria. Una oportunidad para saborear la Palabra de Dios y compartirla con los hermanos, dedicando al Señor el compromiso de hacerlo, preferentemente, con los que por cualquier razón estén más alejados de nosotros. ¡Qué satisfacción más enorme para el Santísimo Cristo de la Caridad, ver en nosotros su amor reflejado, el amor al hermano!.
El orden del culto en el Quinario es: Rezo del Santo Rosario, Ejercicio del Quinario consistente en la reflexión de cada unos de sus días con breve pausa y meditación, oración en común y oración final, luego la Santa Misa con homilía siguiendo el rito habitual.

Al Domingo III de Cuaresma se le llama Oculi por su introito. En la primitiva Iglesia se denominaba Domingo de los Escrutinios, por ser ésta la primera de las siete sesiones en la que en Roma se procedía al examen de los catecúmenos a bautizar la noche pascual. La estación era en la jubilar Basílica de San Lorenzo Extramuros, en la que se veneraba el recuerdo del más célebre mártir de Roma, con lo que se recordaba a los neocristianos los sacrificios que exige la fe cristiana. En la Iglesia griega se procede a la adoración de la Cruz al empezar la semana mesomestime, es decir, centro de los ayunos.

Llegados aquí celebramos la Función Principal de Instituto. ¿Qué es la Función Principal de Instituto?. Es la Culminación de toda la vida cultual de la Hermandad, su gran fiesta, donde debemos participar todos los hermanos. Es día de alegría desbordada y de vestir las mejores galas. Es la gran fiesta, el gran banquete en el día del Señor, cuyo punto álgido es, en este acto transcendental, la ratificación del credo, dogmas y misterios de la Iglesia en la protestación de Fe que será leída por el hermano Secretario Primero, acompañado por el Hermano Secretario Segundo que portará el Estandarte Corporativo. El celebrante actuará como notario y todos los hermanos primero y luego los asistentes a la celebración nos encaminaremos hacia el altar, donde en atril aparecerá el misal, repitiendo cada hermano: Así lo creo y así lo juro, mientras la mano derecha permanece sobre los evangelios, finalizando con el ritual beso de acatación. Es Eucaristía Solemne con homilía y cantos a cargo siempre de un buen grupo coral o polifónico.

El Besapiés es un acto de homenaje al Señor, de agradecimiento. El beso que se deposite en los pies del Santísimo Cristo de la Caridad reflejará todo nuestro respeto y más profundo amor, ratificando las peticiones o gracias concedidas. Pero además nuestro besapiés quiere ser una acto de íntima y profunda meditación contemplando el cuerpo exánime del Varón de Dolores. Besar sólo sus pies no sería homenaje bastante, sí dedicarle un tiempo en acompañarle, de orar, de ofrecerle nuestros pensamientos en respetuoso silencio. La Hermandad se va a esforzar precisamente en eso, en rodear al Señor de un profundo Silencio y no sólo en este acto sino en todos los cultos a celebrar. Silencio para besarlo, silencio para acompañarlo, silencio para orar. Todos los hermanos debemos ayudar a construir este clima, no hablando en el templo, no quedándose a conversar en la puerta. Seamos capaces de dedicar unas horas de recogimiento al Señor. Seamos capaces de ofrecerle nuestro sacrificio y no sólo estar con El en los momentos horarios cómodos, mortifiquémonos en las largas horas del mediodía y las primeras de la tarde, que no le falten hermanos a su lado durante todo el día a quien todo lo entrego por nosotros. Observemos cada gota de su sangre, cada herida de su cuerpo maltrecho. El escultor ha querido ocultar en la belleza lo que de haber realmente plasmado sería un espanto, algo inenarrable e inaudito, sin aspecto atrayente, triturado por el sufrimiento. Y cuando caiga la tarde la Corona Dolorosa será oración de bálsamo para las profundas e insoportables penas de Nuestra Señora y el Ejercicio de las Cinco Llagas el ungüento que cure las heridas que seguimos provocándole al Señor.
Que nuestros cultos sean una verdadero acto para mayor gloria de Dios.

PRESENTACIÓN de los MODELOS EN BARRO de los VARONES

SAN JOSÉ DE ARIMATEA Y SAN NICODEMUS Y SAN JUAN APÓSTOL Y EVANGELISTA

Parroquia de San Francisco de Asís
domingo 27 de febrero de 2000
I Aniversario de la Bendición Solemne del Santísimo Cristo de la Caridad
Narrador:
Luis López Bennet
José de Arimatea:
Ernesto Chacón Miras
Nicodemus:
Manuel Arana Castillo
Juan Evangelista:
Francisco Valdivia Casas
Coro:
Cuarteto Canticorum
Soprano: María de los Reyes Pérez Sánchez
Contralto: Begoña Martínez Martínez
Tenor: Horacio Pedraza Martínez
Bajo: Javier Martínez Martínez
Muñidor:
Gabriel Martín Gázquez
Acólito:
Juan José Soler Alonso

Procesión de Entrada: Acólito y muñidor acompañan hasta el altar al narrador y al resto de los personajes. Ellos marchan hacia la sacristía.

NARRADOR:
Todo esta cumplido. E inclinando la cabeza entregó el espíritu. Aquel sábado tan solemne, día de la preparación para los judíos, pidieron a Pilato que para que no quedasen los cuerpos en la cruz les quebrasen las piernas y los retiraran. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanzada y al instante salió sangre y agua. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura:
No se le quebrará hueso alguno.
Mirarán al que traspasaron.
Después de esto un varón de nombre José, ilustre consejero del sanedrín, hombre bueno y justo, que no había dado su consentimiento a la resolución y a los actos de aquellos, (originario de Arimatea, ciudad de Judea), que esperaba el reino de Dios, se presentó, aunque en secreto por temor a los judíos, a pedir al Procurador de Palestina Poncio Pilato, el cuerpo de Cristo, - tras su muerte en la Cruz- para darle sepultura.

El muñidor trae hasta la mesa del altar la cabeza de José de Arimatea.

JOSÉ DE ARIMATEA:
La Verdad Señor, sólo la Verdad.
No hay más camino que el sepulcro, se consumió la vida.
¿Dónde iremos si a donde tú te marchas nadie puede en esta hora acompañarte?
Sólo nos queda la Verdad terrible de tu muerte dolorosamente cierta.
La Verdad de tu cruz. Pesebre oscuro de la muerte.
La Verdad de tu costado abierto, Señal de luz guiándonos en la noche.
Junto la soledad de un cuerpo lívido y vacío envuelto en pañales de tristeza.
Junto a la paz de tu sangre detenida.
¿A dónde iremos, si sólo Tú Señor, tienes palabras de vida eterna?
¿Por dónde iremos si desapareció el camino entre abrojos y bosques de pecados?
¿Con quién iremos si la muerte sólo tiene un pasajero?
La Verdad. Sólo nos queda la Verdad desnuda entre la cruz y un sepulcro vacíos.
El Getsemaní donde los justos duermen mientas el Padre llora su soledad más triste.
El sueño de Lázaro y de la hija de Jairo y del joven de Naín sin que nadie pueda ahora despertarlos.
Yo sé que el mismo Dios que los volvió a la vida te dará mañana la Resurrección. Pero esta noche, Santísimo Cristo de la Caridad no hay otro camino que el de un sepulcro para enterrar la vida.
La Verdad. Sólo la Verdad nos queda.
Junto al dolor postrero de tu hermoso cuerpo desplomado, a nosotros tus hermanos de esta Hermandad sólo nos queda la verdad de tu muerte cierta e irremediable.

Cuarteto Canticorum: ¡OH ROSTRO LACERADO! J.S. Bach
¡Oh rostro lacerado, del divino Señor!
De espinas coronado, transido de dolor
¡Oh rostro establecido, de tan radiante luz!
¡Oh rostro escarnecido, te adoro buen Jesús!

NARRADOR:
Junto a él otro sacerdote, Nicodemus, quien trajo una mezcla de mirra y áloe, como unas cien libras. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús y lo fajaron con vendas y aromas, según es costumbre sepultar entre los judíos, envuelto en un sábana lo trasladaron hasta un huerto que había cerca del sitio donde fue crucificado, y en el huerto un sepulcro nuevo.

El muñidor trae hasta la mes del altar la cabeza de Nicodemus.

NICODEMUS:
Rabí, caminando contigo hasta el sepulcro volví a nacer de nuevo.
Nadie puede vivir ni morir como lo hiciste Tú si Dios no está con El.
Yo ahora sé que Tú eres el Dios de la Vida y que la amaste tanto que te hiciste hombre para traernos el bien, la salud, el perdón, la convivencia y la paz.
Por fin me has revelado lo que es nacer de la carne y del espíritu, en el cristal de tu cuerpo exánime donde tu muerte no es la consecuencia inútil de una rebeldía, ni la razón de una desesperanza, ni el despojo de una derrota, ni una claudicación, ni siquiera una emoción piadosa.
Tu muerte es un camino, el único posible, para vivir el amor cómo el valor último y absoluto que da sentido y plenitud a toda la vida humana.

Cuarteto Canticorum: DÍLIGAM TE, DOMINE. P. Mussorgsky
Díligam te, Dómine, virtus mea
Dóminus firmamentun meun
et refugium meun.


NARRADOR:
Junto a ellos las mujeres que estuvieron al pie de la cruz, que no temieron, que no huyeron, que creyeron y fueron fieles al maestro hasta el final, María Magdalena, María Salomé, María de Cleofás y María Santísima, madre de Cristo y madre de todos los hombres, angustiada y sumida en las profundas penas que debieron invadir su alma, acompañada de Juan, el discípulo amado, único en seguir a Jesús hasta los últimos instantes de su presencia humana en la tierra.

El muñidor trae hasta la mesa del altar la cabeza de Juan.

JUAN:
Santísimo Cristo de la Caridad, hermano mío, en el dolor más agudo de tu muerte, ante tu cuerpo exánime sigo con fe esperando a Dios.
El Dios que expulsamos un día de nuestro paraíso porque nos dio la libertad de escoger entre la muerte y El y hoy Tú eres la consecuencia suprema de esa muerte que escogimos.
El Dios que es la Luz verdadera que prendió la vida y que nosotros despreciamos apagando el cirio encendido de tu cuerpo porque preferimos seguir viviendo en las tinieblas de la muerte y el pecado.
El Dios al que nadie vio jamás antes que Tú y que sólo alcanza a ver quien te vio a tí aunque incomprensiblemente sigamos ocultando su imagen a nuestros ojos con tu muerte día tras día renovada.
La muerte que desfigura tu rostro, calla tus labios, taladra tus manos y traspasa tu corazón.
El Dios que está en todas partes y no lo conocemos.
El Dios que vuelve siempre y no lo recibimos.
El Dios que habita allí donde habita la bondad del hombre y que acude siempre que nuestra fe lo llama.
El Dios que nos hizo a su imagen y semejanza, luz que no se apaga, carne que no muere.
El Dios que llora esta noche aquí a tu lado porque, Santísimo Cristo de la Caridad, hermano mío, hoy estás muerto y seguirán muriendo mientras nosotros a pesar de haberte conocido vivamos en las tinieblas del pecado y de la muerte y despreciemos la luz de la gracia y de la vida.
El Dios que quiere quedarse a vivir para siempre con nosotros, que está llamando a nuestra puerta y no lo dejamos entrar.
El que si hubiera estado ya aquí, Santísimo Cristo de la Caridad, ni habrías muerto en el Calvario, ni seguirías muriendo en tus hermanos.
El Dios Único de nuestra esperanza sostenida en los brazos de María dónde el Dios de la Vida se hizo carne.
En la desesperación y el dolor muchas veces culpamos a Dios de nuestros males. ¿Porqué Dios mío, porqué? ¿Porqué a mi esta enfermedad? ¿Porqué a mi esta desgracia?.
¿Porqué tanto dolor, porqué? ¿Porqué ese sufrimiento para el que demasiadas veces nos quedamos sin respuesta? ¿Porqué esa soledad de nuestros miedos, la angustia con que la muerte aleja a quienes les resulta insoportable el sufrimiento?
Es la misma angustia que ante la Pasión y la Muerte de Jesús hace exclamar al alma conmovida: “Por fin ya descansó”
¿Qué vale la vida de los hombres para que el Hijo de Dios llegue a morir así?
¿Pero qué Dios es este que ni de su propio Hijo se compadece?

Arimatea, Nicodemus y Juan toman al Cristo de la Caridad entre sus brazos, parecen trasladarlo al Santo Sepulcro. El acólito inciensa al Señor.

Cuarteto Canticorum: SEÑOR ME CANSA LA VIDA. J.A. García
Señor, me cansa la vida, tengo la garganta ronca
de gritar sobre los mares, la voz de la mar, me absorta,
Señor, me cansa la vida, y el Universo me ahoga,
Señor, me dejaste solo, solo, con el mar a solas.
¡Oh! Tú y yo jugando estamos al escondite, Señor,
¡Oh! la voz con que te llamo, es tu voz.
Por todas partes busco, sin encontrar jamás.
Y en todas partes encuentro, sólo por irte a buscar.


NARRADOR:
Antes de colocarlo definitivamente en el sepulcro, el cuerpo de Jesús es depositado en los brazos de su madre. Ni ella entendería que pudiera estar muerto, tan dormido quien le dijo a Marta que él era la Resurrección y la Vida.
En la soledad de la ausencia increíble, cuando todavía no nos creemos que se haya marchado para siempre quien permanecerá tan vivo entre los recuerdos, es la misma voz de Dios la que parece oírse de nuevo llamando a MARIA desde el cuerpo muerto de su hijo, como un recuerdo, un silencio que grita entre sus brazos.

Cuarteto Canticorum: CHRISTUS FACTUS EST.
Christus, Christus factus est,
Christus factus est, factus est,
pro nobis.
Obediens, obediens,
usque ad morten, obediens.
Christis, Christus factus est,
Christus factus est, factus est,
pro nobis.
Usquue ad morten, usque ad morten,
morten, morten, crucis,
morten, crucis.

El acólito y el muñidor se retiran, le siguen el narrador y el resto de los personajes.